Te quiero compartir algo que hace unos días escribí, me sentía un poco abatida, dado que hace poco, perdí a una amiga por esta enfermedad que ataca a todos sin importar la edad, el Cáncer. Y es que ella para mí más que una amiga era una hermana. Desde que supimos de su situación, la apoyamos muchos con los que compartimos siempre a diario. Y luego de su despedida, caí en lo que decimos depresión, aún estoy en ella, porque tú estás acostumbrado a algo que es comunicarte a diario con esa persona, ya sea por mensajes de texto, llamadas, notas de voz, fotos, etc. Las redes sociales se hicieron para tener esa conexión en la distancia.
Y sí, estábamos a muchas horas de distancia, pero pude ir a verla y acompañarla en sus últimos momentos, y es algo que lo haces de corazón. Luego que regresé a mi ciudad, y me encontré con esa imposibilidad de escribirle y de enviarle notas de voz para ver como amaneció, esa realidad te hace ver la vida de otra manera. Empiezas con esa negación, con esa parte de ¿Por qué tuvo que ser ella? ¿Por qué sucedió? Y es allí donde inicias una subida y bajada de ánimos que llegan a ponerte hasta de mal humor, porque pocos son los que en realidad saben lo que se siente perder a alguien tan querido, aparte de los familiares claro está. Por ello, escribí lo que vine a publicar el día de hoy, espero que por lo menos te levante el ánimo y quien quita, si llegaste hasta aquí es porque el destino nos pone en el camino de muchos para poder dar una voz de aliento:
Se vale en ocasiones...
Se vale en ocasiones sentirse sin fuerzas, sin emociones, roto, sensible a todo...
Se vale soltar esas emociones y de ser necesario llorar porque eres humano y es necesario para curar poco a poco...
Pero lo que no se vale es rendirte a mitad del camino, eso es incuestionable, es imposible hacerlo...
Asíque, arriba, llora lo que tengas que llorar, pues está permitido. Deprímete lo que quieras hacerlo, pero no permitas que dure mucho esto es imperdonable para tú cuerpo y espíritu.
Grita lo que quieras gritar, de esta manera sueltas todo lo que no has podido decir por educación y respeto.
Siéntete sin fuerzas, tu cuerpo te pide descansar y está bien hacerlo, así que escúchalo.
Siéntete sin emociones, así puedes observar que debes de reparar, soltar y sanar.
Permítete estar roto, es bueno sentirse así para poder curarse del todo.
Sé sensible a todo lo que te perciba y rodee, es necesario para fortalecerte y desarrollar la empatía que a muchos le falta y de los que en exceso se quejan que otros no tienen.
Pero después de ello... LEVÁNTATE, limpia esas lágrimas, quita la depresión aunque cueste, calla después de gritar hasta que te quedaste sin voz, retoma las fuerzas que tú cuerpo pide y que sabe que tienes, llenate de emociones y sal a sonreírle al mundo quizá te encuentres con alguien que te vea sonreírle y alegre su día por tu sonrisa, curate y aplica súper bonder espiritual (oración, meditación, lo que sea en lo que creas; yo lo llamo fe), para seguir enfrentando las batallas que a diario te llegan, y sigue siendo sensible (pero no pendejo) para poder saber cuándo puedes dar consejo, palabra de alivio, abrazos y sonrisas.
El mundo necesita de personas que se permiten sentir todo esto. Y el pasar, sentirlo, vivirlo y permitir sanar es lo que nos hace.... Más humanos, menos máquinas, más sensibles, menos ignorantes, más personas, menos orgullosos.
Reflexión personal, luego de pasar por todo esto.
Pdta. Espero al menos haberte hecho reflexionar que estar vivo no es un cuento de hadas pero es la mejor experiencia que has podido tener hasta hoy
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